viernes, 16 de agosto de 2019

La búsqueda del Tesoro



Siempre fuimos goonies. De un modo u otro resulta difícil no sentir la camaradería inspirada por aquella historia inventada por Steven Spielberg, un sujeto hijo de sus propios sueños. Esta reseña fugaz va por todos aquellos que son deudores de extraños productos del mainstream surgidos en una década increíble. Por quienes sintieron la llamada a buscar tesoros porque saben y sabían que la realidad esconde sus maravillas en lugares cavernosos, subterráneos, olvidados por la marcha normal del mundo. Por quienes teniendo sensatez, talento o genio serán, a los ojos del mundo exterior - el mundo que está a la salida del pozo de los deseos - simplemente disfuncionales, delincuentes o marginados. Por quienes persistieron, a pesar de todo ello, en la búsqueda del Tesoro. Y lo encontraron oculto en el campo del mundo. Encontraron sentido, razón y, en definitiva, la Palabra de Verdad. Un tesoro compuesto de joyas y piedras preciosas que son personas, rostros especiales, paisajes, viajes, secretos lugares de paz y regocijo. Tampoco vamos a negar que la película, aún conservando esa aura especial, actualmente resulta mediocre y pueril en comparación con el legado de posteriores y más recientes productos cinematográficos como Harry Potter, de temática muy similar. Cabe preguntarse, en todo caso, si llegamos a ser conscientes de cuánto le debemos realmente por todo el sentir y la experiencia surgidos a raíz de aquellas primerizas experiencias audiovisuales.   

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