martes, 22 de noviembre de 2016

Dios es Espíritu, pero no es inmaterial

 "Si retrajeres del sábado tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y al sábado llamares delicia, santo, glorioso del Señor; y lo venerares, no haciendo tus caminos, ni buscando tu voluntad, ni hablando tus palabras:
14 Entonces te deleitarás en el Señor; y yo te haré subir sobre las alturas de la tierra, y te daré a comer la heredad de Jacob tu padre: porque la boca del Señor lo ha hablado."  Isaías 58: 13, 14


"Pues el Señor mismo descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con la trompeta de Dios, y los muertos en Cristo se levantarán primero. Entonces nosotros, los que estemos vivos y que permanezcamos, seremos ascendidos juntamente con ellos en las nubes al encuentro del Señor en su ambiente, y así estaremos con el Señor siempre. Por tanto, confortaos unos a otros con estas palabras."
1 Tesalonicenses 4: 16, 17



Y no sería lo mismo que decir "Dios es espiritual", es decir, un ente casi imaginario, una idea, una filosofía de vida, de naturaleza metafórica o simbólica. Es lo que decían filósofos como Ludwig Feuerbach, consideraban que Dios era la forma en la que el ser humano conceptualizaba su deseo de trascendencia. La Biblia era, para ellos, una gran alegoría del plan humano para alcanzar las estrellas y el conocimiento del universo. La Biblia enseña que la historia humana termina con un ascenso a los cielos y un gran viaje a las estrellas que será gozado por quienes guardan los mandamientos de Dios y tienen la Fe de Jesús. Precisamente, la conclusión de la carrera espacial y tecnológica promete llevarnos  a colonizar otros planetas, universos paralelos, viajes en el tiempo, contactar con seres de otros mundos... Aquella gloria prometida por Dios conforme a un pacto de fidelidad, el enemigo, para desviar la atención, la sustituye con un plan conforme a rudimentos humanos. Y a ese engaño nos lleva el no tener claro que la Biblia es un libro literal, y que utiliza símbolos en pasajes muy concretos, y nada más. Dios es el Creador, el Señor de esta Tierra que pisamos ahora y del universo de allá arriba. Y como evidentemente vives en un mundo físico, tal cual es tu Creador, aunque su presencia material nos está vedada hasta el día de su Segunda Venida. Así pues, aquello que es invisible y no sabes cómo es o de donde viene exactamente, pero puedes vivirlo, sentirlo, tener sus sentimientos, compartir sus pensamientos, decimos sencillamente que es un Espíritu. Puedes compartir los sentimientos de otra persona, y en ese caso decimos que tenemos una conexión íntima o espiritual con tal o cual persona, pero la persona tiene también un cuerpo físico. Si tienes el Espíritu de Dios tienes el sello de Dios, porque tener su Espíritu es reconocer tu origen verdadero, tu Creador, el Señor del Sábado. Guardar el Sábado es saber quién eres y quién es el Creador. Por eso la Ley es Dios. El Espíritu es Dios. Estamos tan contaminados de pensamiento dualista ( herencia de la filosofía platónica ) que hablamos de espíritu y materia como si fuesen ámbitos contrarios e irreconciliables, identificando el bien con lo espiritual y el mal con la materia, y no es así. Del mismo modo malinterpretamos a Pablo de Tarso cuando confronta el "espíritu" a la "carne", entendiendo que el mundo y la experiencia sensual, todo lo visible, es malo, y que solo lo invisible es bueno porque procede de Dios. Eso es pensamiento gnóstico, maniqueísmo, que es una sutil tergiversación del verdadero mensaje bíblico. El problema no es lo "carnal" frente a lo "espiritual", sino qué Espíritu rige a una determinada criatura u objeto del universo, ¿es el Espíritu de Dios, o un espíritu fruto de la transgresión de la Ley?. En la naturaleza visible, por ejemplo, puedes ver al ave rapaz cazando y devorando a su presa. Si conoces la Ley de Dios sabes que el mundo no fue creado de esa manera tan cruel. Si contemplas la flor, su paz y su generosidad en el color y el aroma, estás gozando de una porción del paraíso en el Edén original, que todavía permanece a pesar de todo. Por tanto, cuando Pablo habla de "espíritu" y de "carne" se refiere a inclinaciones o tendencias de nuestros pensamientos y nuestra conciencia entendiendo que lo espiritual y lo material forman una unidad, un todo holístico que es el alma humana. Lo importante es que nuestra alma se alimente del Espíritu de Dios y no del espíritu del Enemigo ( el Enemigo es la "carne", en sentido metafórico ). Es el peligro de considerar que todo el mundo visible, y que todas las manifestaciones culturales que son invención del hombre son íntegramente demoniacas. En realidad, lo que en ellas se manifiesta es la impureza de la mente humana, lo divino mezclado con lo satánico, y frente a ello tenemos el mejor filtro, la Palabra de Dios.

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