lunes, 27 de febrero de 2017

El retiro y la libertad en Cristo


Fragmento de El Deseado de Todas las Gentes, capítulo 38:


Cerca de Betsaida, en el extremo septentrional del lago, había una región solitaria, entonces hermosamente cubierta por el fresco y verde tapiz de la primavera, y ofrecía un grato retiro a Jesús y sus discípulos. Se dirigieron hacia ese lugar, cruzando el agua con su bote. Allí estarían lejos de las vías de comunicación y del bullicio y agitación de la ciudad. Las escenas de la naturaleza eran en sí mismas un reposo, un cambio grato a los sentidos. Allí podrían ellos escuchar las palabras de Cristo sin oír las airadas interrupciones, las réplicas y acusaciones de los escribas y fariseos. Allí disfrutarían de unos cortos momentos de preciosa comunión en la compañía de su Señor. El descanso que Cristo y sus discípulos tomaron no era un descanso egoísta y complaciente. El tiempo que pasaron en retraimiento no lo dedicaron a buscar placeres. Conversaron de la obra de Dios y de la posibilidad de alcanzar mayor eficiencia en ella. Los discípulos habían estado con Jesús y podían comprenderle; no necesitaba hablarles en parábolas. El corrigió sus errores y les aclaró la mejor manera de acercarse a la gente. Les reveló más plenamente los preciosos tesoros de la verdad divina. Quedaron vivificados por el poder divino y llenos de esperanza y valor. Aunque Jesús podía realizar milagros y había dotado a sus discípulos del poder de realizarlos también, recomendó a sus cansados siervos que se apartasen al campo y descansasen. Cuando dijo que la mies era mucha, y pocos los obreros, no impuso a sus discípulos la necesidad de trabajar sin cesar, sino que dijo: "Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies." (Mateo 9: 38) Dios ha asignado a cada uno su obra según su capacidad, (Efesios 4: 11-13) y él no quiere que unos pocos estén recargados de responsabilidades, mientras que los otros no llevan ninguna carga, trabajo ni preocupación del alma. Las compasivas palabras de Cristo se dirigen a sus obreros actuales tanto como a sus discípulos de entonces. "Venid vosotros aparte,... y reposad un poco," dice aún a aquellos que están cansados y agobiados. No es prudente estar siempre bajo la tensión del trabajo y la excitación, aun mientras se atiendan las necesidades espirituales de los hombres; porque de esta manera se descuida la piedad personal y se agobian las facultades de la mente, del alma y del cuerpo. Se exige abnegación de los discípulos de Cristo y ellos deben hacer sacrificios; pero deben tener cuidado, no sea que por su exceso de celo, Satanás se aproveche de la debilidad humana y perjudique la obra de Dios. En la estima de los rabinos, era la suma de la religión estar siempre en un bullicio de actividad. Ellos querían manifestar su piedad superior por algún acto externo. Así separaban sus almas de Dios y se encerraban en la suficiencia propia. Existen todavía los mismos peligros. Al aumentar la actividad, si los hombres tienen éxito en ejecutar algún trabajo para Dios, hay peligro de que confíen en los planes y métodos humanos. Propenden a orar menos y a tener menos fe. Como los discípulos, corremos el riesgo de perder de vista cuánto dependemos de Dios y tratar de hacer de nuestra actividad un salvador. Necesitamos mirar constantemente a Jesús comprendiendo que es su poder lo que realiza la obra
Aunque hemos de trabajar fervorosamente para la salvación de los perdidos, también debemos tomar tiempo para la meditación, la oración y el estudio de la Palabra de Dios. Es únicamente la obra realizada con mucha oración y santificada por el mérito de Cristo, la que al fin habrá resultado eficaz para el bien. Ninguna vida estuvo tan llena de trabajo y responsabilidad como la de Jesús, y, sin embargo, cuán a menudo se le encontraba en oración. Cuán constante era su comunión con Dios. Repetidas veces en la historia de su vida terrenal, se encuentran relatos como éste: "Levantándose muy de mañana, aun muy de noche, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba." "Y se juntaban muchas gentes a oír y ser sanadas de sus enfermedades. Mas él se apartaba a los desiertos, y oraba." "Y aconteció en aquellos días, que fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios. (Marcos 1: 35; Lucas 5: 15, 16; 6: 12) En una vida completamente dedicada al beneficio ajeno, el Salvador hallaba necesario retirarse de los caminos muy transitados y de las muchedumbres que le seguían día tras día. Debía apartarse de una vida de incesante actividad y contacto con las necesidades humanas, para buscar retraimiento y comunión directa con su Padre. Como uno de nosotros, participante de nuestras necesidades y debilidades, dependía enteramente de Dios, y en el lugar secreto de oración, buscaba fuerza divina, a fin de salir fortalecido para hacer frente a los deberes y las pruebas. En un mundo de pecado, Jesús soportó luchas y torturas del alma. En la comunión con Dios, podía descargarse de los pesares que le abrumaban. Allí encontraba consuelo y gozo

En Cristo el clamor de la humanidad llegaba al Padre de compasión infinita. Como hombre, suplicaba al trono de Dios, hasta que su humanidad se cargaba de una corriente celestial que conectaba a la humanidad con la divinidad. Por medio de la comunión continua, recibía vida de Dios a fin de impartirla al mundo. Su experiencia ha de ser la nuestra. "Venid vosotros aparte," nos invita. Si tan sólo escuchásemos su palabra, seríamos más fuertes y más útiles. Los discípulos buscaban a Jesús y le relataban todo; y él los estimulaba e instruía. Si hoy tomásemos tiempo para ir a Jesús y contarle nuestras necesidades, no quedaríamos chasqueados; él estaría a nuestra diestra para ayudarnos. Necesitamos más sencillez, más confianza en nuestro Salvador. Aquel cuyo nombre es "Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz;" Aquel de quien está escrito: "El dominio estará sobre su hombro," es el Consejero Admirable. El nos ha invitado a que le pidamos sabiduría. Y la "da a todos abundantemente y no zahiere." (Isaías 9: 6; Santiago 1: 5)  En todos los que reciben la preparación divina, debe revelarse una vida que no está en armonía con el mundo, sus costumbres o prácticas; y cada uno necesita tener experiencia personal en cuanto a obtener el conocimiento de la voluntad de Dios. Debemos oírle individualmente hablarnos al corazón. Cuando todas las demás voces quedan acalladas, y en la quietud esperamos delante de él, el silencio del alma hace más distinta la voz de Dios. Nos invita: "Estad quietos, y conoced que yo soy Dios." (Salmo 46: 10) Solamente allí puede encontrarse verdadero descanso. Y ésta es la preparación eficaz para todo trabajo que se haya de realizar para Dios. Entre la muchedumbre apresurada y el recargo de las intensas actividades de la vida, el alma que es así refrigerada quedará rodeada de una atmósfera de luz y de paz. La vida respirará fragancia, y revelará un poder divino que alcanzará a los corazones humanos.

domingo, 22 de enero de 2017

Cine-fórum (II)


 Aprendiendo a aplastar la cabeza de la serpiente ( Génesis 3: 15).


 Evento para el 7 de marzo, si Dios quiere: https://www.facebook.com/events/650469195132804/


                                        

lunes, 9 de enero de 2017

El deseado de todas las gentes


Propuesta de lectura para este trimestre. El mejor libro para conocer la vida y obra de nuestro Rey y redentor.




                                                               PREFACIO

"En el corazón de todos los seres humanos, sin distinción de raza o posición social, hay un indecible anhelo de algo que ahora no poseen. Este anhelo es implantado en la misma constitución del hombre por un Dios misericordioso, para que el hombre no se sienta satisfecho con su presente condición, sea mala o buena. Dios desea que el ser humano busque lo mejor, y lo halle en el bien eterno de su alma. En vano procuran los hombres satisfacer este deseo con los placeres, las riquezas, la comodidad, la fama, o el poder. Los que tratan de hacerlo, descubren que estas cosas hartan los sentidos, pero dejan el alma tan vacía y desconforme como antes. Es el designio de Dios que este anhelo del corazón humano guíe hacia el único que es capaz de satisfacerlo. Es un deseo de ese Ser, capaz de guiar a él, la plenitud y el cumplimiento de ese deseo. Esa plenitud se halla en Jesucristo, el Hijo del Dios eterno, "Porque plugo al Padre que la plenitud de todo residiese en él;" "Porque en él habita toda la plenitud de la divinidad corporalmente." Y es también verdad que "vosotros estáis completos en él" con respecto a todo deseo divinamente implantado y normalmente seguido. El profeta Ageo llama con justicia a Cristo "el Deseado de todas las gentes".  Es el propósito de este libro presentar a Jesucristo como Aquel en quien puede satisfacerse todo anhelo. Se han escrito muchos libros titulados "La vida de Cristo," libros excelentes, grandes acopios de información, elaborados ensayos sobre cronología, historia, costumbres, y acontecimientos contemporáneos, con abundante enseñanza y muchas vislumbres de la vida multiforme de Jesús de Nazaret. Sin embargo, no se ha dicho de ella ni aun la mitad. No es tampoco el propósito de esta obra exponer una armonía de los evangelios, o presentar en orden estrictamente cronológico los importantes sucesos y las maravillosas lecciones de la vida de Cristo; su propósito es presentar el amor de Dios como ha sido revelado en su Hijo, la divina hermosura de la vida de Cristo, de la cual todos pueden participar, y no simplemente satisfacer los deseos de la mera curiosidad ni las observaciones de los críticos. Pero como por el encanto de su propia belleza de carácter Jesús atrajo a sus discípulos a sí mismo, y por su toque y sentimiento de simpatía en todas sus dolencias y necesidades, y por su constante asociación, transformó sus caracteres de terrenales en celestiales, de egoístas en abnegados, y trocó la mezquina ignorancia y prejuicio en el conocimiento generoso y el amor profundo por las almas de todas las naciones y razas, es el propósito de este libro presentar al bendito Redentor de modo que ayude al lector a acudir a él como a una realidad viviente, con la cual pueda tenerse comunión íntima y vital, y hallar en él, como los discípulos de la antigüedad, al poderoso Jesús, que "salva hasta lo sumo," y transforma de acuerdo con su propia imagen divina a los que acuden a Dios por su intermedio. Rogamos que la bendición del Altísimo acompañe a esta obra, y que el Espíritu Santo haga de las palabras de este libro palabras de vida para muchas almas cuyos anhelos y deseos no están aún satisfechos; para que puedan "conocerle, y la virtud de su resurrección, y la participación de sus padecimientos," y finalmente, en una eternidad bienaventurada, compartir a su diestra la plenitud de su gozo y la dicha inconmensurable que disfrutarán todos los que hayan hallado en él el todo en todo, "el más señalado entre diez mil," Aquel que "es del todo amable," "todo él codiciable".

  LOS EDITORES. "

viernes, 6 de enero de 2017

Idealidad

En una tierra imaginada y presente...

Los veranos se dilatan como la luz del sol, en todas direcciones, hacia el espacio y hacia la hondura de los días. Es el tiempo de labranza, siembra y cosecha, de recorrer los caminos a través de los valles y las colinas, de tiempo en tiempo y de séptimo día a séptimo día, recoger y almacenar los víveres necesarios para la época oscura. El invierno, cuando todo reposa, es tiempo de recapitular lo antiguo y preparar la próxima renovación. Es tiempo de cobijo y meditación en torno a las hogueras, tiempo de narrar, ver o escuchar nuevas historias, y de volver a conocer las historias de antaño. En aquella tierra donde cultivar músculo, oído, mente y corazón.




miércoles, 21 de diciembre de 2016

El triunfo de la Voluntad de Dios








"Y, de repente, en todo hay Luz...
    y seremos Dioses..."



A raíz de este interesante post: Cosmovisión de Conan el Barbaro

Fijamos nuestra atención en la simetría existente entre el pensamiento de Nietzsche y las virtudes del Espíritu de Dios. Con ello obtenemos un bosquejo del "programa Maranatha":

- "Acabar con los falsos Dioses sin erigirse en uno de ellos", significa  derribar el pensamiento humano fundamentado en el egoísmo y la autosuficiencia y dejar que la Voluntad de Dios inunde nuestro mundo.

- "La carne es más fuerte que el acero". El acero es el poder obtenido mediante el control "tecnológico" de la materia. La "carne" es la fuerza de la voluntad o el control de la voluntad propia o ajena. Las ideas y los imaginarios predominantes son los que mueven y dirigen el mundo. La voluntad de Dios es la voluntad del hombre que siente el llamado para ser de la familia de Dios, es decir, ser un Dios en cierto modo.

- El "secuestro de la princesa- mundo- diosa- la dama- la iglesia". Se refiere a cómo Satanás, a lo largo de la historia, ha intentado destruir, "secuestrar" o "contaminar" a los grupos humanos que más cerca han estado del verdadero Espíritu de Dios. Liberar a la princesa ( a la Iglesia ) supone un nuevo amanecer para el mundo.

- El "superhombre" según Nietzsche, es la contraimagen anticristiana del hombre convertido en hijo de Dios; aquel que vence a todos los falsos dioses que pueblan el mundo doblando la rodilla ante la Voluntad del Creador y ante la "dama"- iglesia.  Al igual que Conan, el hijo de Dios estará muy solo cuando alcance ese objetivo.


- "El poder reside en nuestro interior". En nuestro cuerpo, templo del Espíritu de Dios.


- "Aquello que no nos mata, nos hace más fuertes". El poder de la Voluntad de Dios se perfecciona en el crisol de la adversidad: sacrificio, persecución, abnegación, soledad. O sea, "Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte". Pero el mundo confunde al verdadero poder de la Voluntad del Padre con la debilidad. "Dios ha muerto", dijo el filósofo anticristiano, pero su entendimiento del Dios cristiano estaba sesgado por la contaminación gnóstica basada en el dualismo maniqueo ( el Espíritu viene de Dios, la materia es obra del diablo), reivindicó el vigor, la fuerza y el placer de los sentidos en rebelión contra un Dios gnóstico, pero la verdad es que el Dios de la biblia, a la luz de los escritos de Ellen G. White y de la reforma prosalud, revindica ahora la experiencia sensual dentro de los márgenes de su Ley, reivindica la fortaleza del cuerpo y de la mente como expresión de su santo Espíritu, reivindica la guerra santa contra todo pecado interno o externo. A medio camino entre la suavidad y la pureza de Parsifal y la fuerza de la voluntad, cuyo músculo es el de un Heracles, los hijos de Dios son, efectivamente, el tercer Elías: sobrevive fuerte y valeroso en las montañas o desiertos para escapar de la locura de los hombres, y escucha la voz del Padre cuando es requerido en sociedad para enfrentarse a toda autoridad humana y para destruir a todo ídolo. Y hablamos de un Elías mucho más poderoso que el primero, puesto que el Elías del fin del Tiempo cuenta con la gracia y el poder del Salvador que ministra en su santo templo y derrama su Espíritu Santo de forma desconocida hasta nuestros días.


La serpiente ya ha sido derrotada. Ahora es creer la Verdad y no la mentira.