martes, 9 de abril de 2019

Hispania

LA HISPANIDAD Y EL IDEAL DEL CABALLERO

en España por

Inspirados por uno de esos pensadores olvidados de la Tradición Hispánica como fue Manuel García Morente, hace ya unos años tratamos de sintetizar las claves espirituales, éticas y estéticas de la Hispanidad. El texto lo perdimos y no supimos de él durante años, pero providencialmente hace poco volvió a nosotros a través de un amigo que lo guardo durante este tiempo como fuente de esclarecimiento y motivación. Sin apenas retocarlo lo recuperamos ahora para “La Forja y la Espada”. En él y siguiendo las reflexiones e intuiciones del maestro García Morente, lo más esplendido de la antropología de lo Hispánico es revindicado como hoja de ruta para la forja interior de nuestra alma y brújula para nuetro actuar en el Mundo. Sea todo ello para que la consigna sapiencial de “llega a ser lo que estás llamado a ser”, pueda ser debidamente cumplida…
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1º-El modelo de Hombre:
La Hispanidad como proyecto histórico político se constituyó ante todo conforme a una idea determinada de Hombre. Esa idea de “Hombre”, de “Ser Humano”, es el eje axial del proyecto. Dicha idea es en esencia la siguiente: Solo conforme a un horizonte de Trascendencia, de Eternidad, puede entenderse la Dignidad radical de lo humano, y por ende su Libertad. Libertad que será entonces auténtica cuando se dirija y se esfuerce por la preeminencia del Espíritu.
2º-España como Estilo:
La premisa espiritual y ética del punto 1º, determina un estilo, una manera de estar y ser, siendo dicho estilo, lo que configura de manera determinante la verdadera Hispanidad. Su norma y sentido, así como su desviación y desdoro. Dicho estilo de lo auténticamente español, deberá ser nuestra brújula a la hora de configurar los mandamientos de las “Aspas de san Andrés”.
3º-El estilo del Caballero:
El símbolo que sintetiza la esencia de la Hispanidad, que sintetiza el estilo Español conforme a todo lo anterior, no podrá ser el estilo del hombre de negocios, del triunfador de la sociedad capitalista, del alto ejecutivo; tampoco podrá ser el estilo del agitador social, del revolucionario, del tribuno de la plebe; tampoco podrá ser el estilo del artista, ni el del filósofo, ni siquiera el del asceta o el santo. Y por supuesto mucho menos el del tendero, el del mercader. El estilo que determina la Hispanidad y que ha hecho los mejores momentos de nuestra historia, es el estilo del Caballero. Del “Caballero Español”; hecho de Hombría de Bien, Compostura y Decoro, Respeto de sí, Honor y Valor, Generosidad, Largueza, Claridad de Alma, Amistad… Elementos que configurando a dicho caballero, serán esenciales en nuestro proyecto.
4º-El Caballero Español:  
El caballero español en esencia se conforma de los siguientes elementos:
Grandeza contra Mezquindad:
Es decir, el dar sin dudar mayor valor a lo que se es, que a lo que se tiene. El caballero español cultiva la grandeza porque desprecia el apego grosero a las cosas, ya que su alma aspira a una Trascendencia y Libertad que no pueden reducirse a lo meramente terrenal. El Escorial por ejemplo, es pura “grandeza pobre”, grandeza austera de muebles castellanos y murallas de Ávila.
Arrojo contra timidez:
Valentía, paso al frente, gusto por mezclarse con la vida y con la gente, sin miedo a la muerte ni al peligro, ni a la pobreza o la escasez, ni a la aventura.  Por que lo que le sostiene es una idea, un ideal de sí, de su propia dignidad, dignidad frente a la cual la vida no es sino un viaje lleno de cosas efímeras de las que no puedes sino beber despreocupado, sin apego mundano, valiente y despreocupadamente…
Altivez contra servilismo:
Orgullo de su propio camino, de su “ley interior”, que es la única frente a la que responde. Porque se precia de ser más que de poseer, y mira con desdén todo lo que no es sino vano oropel, y todo lo que no es sino servil sometimiento a “la ley falsa del Oro”…
Más pálpito que cálculo:
¿Se imagina alguien a los Conquistadores calculando como vulgares “bussines men” las posibilidades reales de la conquista de Méjico o Perú?… El español no es así. El Caballero español no hace cuentas como un prestamista holandés, más bien le basta con que su corazón le mande ejecutar una acción, que su gusto por hacer su propio camino como ventura, le llame a hacer lo que cree que debe hacer. Obedeciendo los dictados de su Corazón sin dudar ni calcular.
Culto al Honor:
Es la estimación que el Caballero Español hace de la forja de su propia personalidad independientemente de lo mera y groseramente terrenal, lo que le lleva a un culto casi religioso por el Honor. Honor que en España se vive como afán y propósito de vivir sin tacha, de poder siendo rico o pobre, venturoso o miserable, mirar a cualquiera a los ojos y sostenerle la mirada. Por que nada, nada de nada, en el ámbito de la nobleza del alma, se le puede echar en cara.
Culto a la Personalidad:
El español se siente sujeto de la Historia Universal, no mero convidado de piedra. Sabe que el camino que se recorre en la existencia humana lo hacemos nosotros mismos con la ayuda de la Providencia, y que no somos así fruto de las fuerzas ciegas de la economía, la naturaleza, el fatalismo de unos dioses crueles, o el determinismo de un universo mecánico y racionalista. La personalidad se cultiva y se trabaja, y de ella se deriva nuestro andar por este mundo, no como inercia, sino como fruto maduro de nuestra búsqueda.
Vida pública y Vida privada:
El español prioriza aquello que ocurre en su vida privada, en la vida que se hace de relaciones de tú a tú, de persona real a persona real, sin notarías, comisarías ni urnas de por medio. En aquello que configura su universo de relaciones personales por palabra, compromiso, camaradería o rivalidad. Pero sin instituciones, contratos, abogados o políticos. Anteponiendo el Honor a la juridicidad, la convivencia real a la democracia y la burocracia.
Presencia de la Muerte:
El español vive en presencia de la Muerte, no la teme, tampoco la adora. Antes bien se acerca a ella con desafío, como prueba de que hay en su alma algo más que “mera vida”. La existencia terrena no es así sino tránsito y prueba, y la muerte el momento decisivo en el que demostrar que se vivió con Grandeza y sin apego. Con una dignidad irreductible al miedo a la muerte y el regodeo mundano.
Anhelo de Eternidad:
“Muero porque no muero”… El Caballero quisiera estar ya en la Gloria Eterna, si debe partir lo hace sin mirar atrás, como si supiera que la patria de su alma esta en los Cielos y que allí, habiendo demostrado que podía estar en esta vida sin olvidar las Alturas, se le espera… Siente así la necesidad de demostrarse a sí mismo que su Libertad, no se somete al apego terrenal, y que su Dignidad inalienable, es tal porque no es de “este Mundo”, sino del Otro.
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el caballero español, el entierro del conde de orgazaz
Del sobrio heroismo del Cantar de Mío Cid o el Poema de Fernán Gonzalez, a la serenidad frente a la muerte en el “Entierro del señor de Orgaz” o el respeto, elegancia y caballerosidad en “La rendición de Breda”. Del “honor es patrimonio del alma y el alma es sólo de Dios” de Calderón de la Barca, a san Juan de la Cruz cuando dice “Para venir a gustarlo todo, no quieras tener gusto en nada/ Para venir a poseerlo todo,no quieras poseer algo en nada”. De “la escondida senda por donde han ido los pocos sabios que en el Mundo han sido” que decía fray Luis de León, a la escultura de Juan de Austria en su tumba en el Escorial. De Cervantes herido en Lepanto y preso en Argel, a don Quijote exclamando que “de lo que más necesitado está el Mundo es de Caballeros Andantes”…
Son sin número las referencias de la tradición española y especialmente durante el Siglo de Oro, de un ideal antropológico ético y estético que la Hispanidad hace suyo y ejemplifica de manera gráfica en la figura del “Caballero”. Caballero que de manera sintética hemos querido recoger aquí a partir de las enseñanzas de Manuel García Morente. Ciertamente dicho ideal parece haber querido ser olvidado o denigrado en la España cotemporánea y sin embargo, quienes así lo plantean y se afanan en ello lo hacen en vano, pues como una llamada guardada en el fondo del alma, el antiguo ideal vuelve a emerger hoy día entre jóvenes y no tan jóvenes, quizás está vez para ser reivindicado como un reencuentro con la propia identidad…
Fuente original: https://gonzalorodriguez.info/la-hispanidad-y-el-caballero-espanol/?fbclid=IwAR3idAfBIACiNsF-fnOKEy-a32UeXa-y1nY83CN_QjrMVwNr0ayI9egsrDs

domingo, 17 de febrero de 2019

A los vientos

                   
Cae fuego del Cielo
y nueva sangre sobre la tierra.
Espera un guerrero sin guerra
de rodillas en gran vuelo
velando por el tesoro.
Del infierno inerte
sube el rugido de Eos
y el hielo de la tierra
al alma le da muerte.
De rodillas revela sus alas
y el aire se torna llama
consumiendo hielo y muerte
escribiendo en oro y alegría:
"dichoso el hombre que camina
contra la corriente del mundo
hierve la sangre de euforia
con el viento en su cabello
y un nuevo nombre para la vida"  

Marcado por los dioses






Tú eres mis ojos.
Vosotros sois mi astucia.
Y tú eres mi fuerza.




Del año 1982, y bajo la influencia del Conan the barbarian de John Milius, retorna a nuestros días The Beastmaster, película dirigida por Don Coscarelli que en cierta forma selló la mente de muchos niños crecidos en aquellos tiempos, suscitando el interés por la mitología, las armas blancas y la historia antigua en unos casos o, en otros, directamente el vínculo con los "dioses" y las cuestiones relacionadas con el desarrollo espiritual del hombre. Si el clásico de Milius capta nuestro interés principalmente por su profundidad simbólica y filosófica, la película de Coscarelli - mucho más ligera y escueta a nivel de reflexión y símbolo - brilla por sus elementos estéticos y por cómo los utiliza  ( sin complejos y libre de toda corrección política ) para representar a las fuerzas del bien y del mal. Tras unos créditos de apertura en los que se alternan las imágenes del tigre y del halcón acompañadas por la memorable partitura de Lee Holdridge se nos presenta al sacerdote Mejacks y a su grupo de pitonisas conspirando contra el heredero al trono. Esa sección que transcurre bajo la atmósfera de tiniebla, la decrepitud física de los protagonistas, y el sonido amenazante de los vientos desemboca en la aparición de Dar, la belleza aria encarnada por Marc Singer, el bien que en un entorno campestre e idílico conforma la antítesis a la degeneración y el ambiente opresivo contra el que deberá luchar. Por lo demás, una historieta de aventuras, lúdica y no desprovista de sentido del humor, que gracias a ello no hace más que ser una romántica representación del heroísmo desde su elemento externo, lo físico y puramente animal como expresión de atributos del Espíritu. La presencia de Tanya Roberts complementa a un conjunto en el que predomina la celebración de la belleza del cuerpo masculino como signo de fuerza y nobleza de carácter. Y, no obstante, también en un plano más literal hallaremos estampas memorables y fascinantes, de la vida salvaje del hombre que convive con la fauna y el paisaje montañoso, la ninfea aparición de las mujeres bañándose en un lago, o ver a Dar bañado por la luz del sol en la cima de un montículo practicando esgrima con un tronco (¡estratosférico!) culminado en ese cierre donde hombre y mujer se besan en una cima acompañados por el viento y las fieras. En definitiva, su estética parece encontrar un extrañísimo equilibrio entre lo abrupto y una lírica bastante sofisticada.

Volviendo al inicio, y concretamente a los valores espirituales contenidos en el filme, el que la imagen del tigre y del halcón se conviertan, desde los créditos de inicio, en el sello particular de la película es la mejor brújula para sacarle provecho y disfrutarla más allá de su aspecto lúdico. El tigre correlaciona con la esbeltez física del protagonista, y es símbolo de fuerza. Pero debemos enfocar el entendimiento en el desarrollo de la fuerza interna, la que viene de Dios y conforme a la voluntad de Dios, no en la fuerza externa o meramente física. El vuelo del halcón, por otra parte, nos remite a una determinada percepción del espíritu, ver el mundo "desde las alturas", o sea, tener una perspectiva más amplia, acceder a los altos vuelos espirituales del hombre marcado por los dioses.     



       

miércoles, 13 de febrero de 2019

La Espada que vence al mundo



A lo largo de la historia sólo ha existido un hombre que haya vencido al mundo, no para someterlo a sí mismo, sino para darle la oportunidad de ser redimido aceptando al Creador y a aquél que es el Camino y la Vida verdadera. Vencer al mundo significa vencer nuestra débil y pecadora condición humana, la condición que es causa y origen de la maldad, la injusticia y las calamidades que afectan a nuestra sociedad, ahora y en todas las épocas. No obstante, a quienes libremente decidan creer en Jesucristo, por el poder de su Santo Espíritu, se les otorga una Espada de Vida y Fuego con la que también pueden vencer ( Juan 16: 33 ). La Palabra de Dios es pensamiento, el tesoro que abre la puerta al lugar santo donde la mente de Dios y la de cada creyente es una sola y la misma. El problema radica en la naturaleza de esa victoria que no proporciona éxitos o reconocimiento, sino la extinción del orgullo y, en cierto modo, del individuo socialmente meritorio y respetable, siendo esa Espada una forma de pensar que rompe la lógica humana. De entre las creaciones de la cultura humana pocas pueden contener tanta belleza y emotividad religiosa como El cant de la Sibil-la, una liturgia que, mediante la música gregoriana y la poesía, durante siglos ( al menos desde el siglo XV ) le ha recordado al mundo que existe un redentor que un día vendrá para consumar la verdad y el juicio que ya está en marcha. Pero aquí nos detendremos en el momento final de la liturgia, cuando la sibila levanta la Espada para mostrarla a la concurrencia. Desde el prisma litúrgico, la espada física representa a la Palabra de Dios, la única que, al santificarnos, nos libera de una condición y de un mundo cuyos días están contados. Levantar la espada supone una advertencia, por un lado, y por otro la oportunidad de que quienes la contemplan sean sellados con el sello de Dios, es decir, con la Ley y el Espíritu. Se requeriría la capacidad de abstracción, ir más allá del elemento físico y visible y encontrar la comunión con esa mente que vence a todos los demonios de la tierra.      

miércoles, 7 de noviembre de 2018

Edelweiss







L'immortèla o De cap tà l'immortèla és una cançó del grup occità (més concretament bearnès) Nadau. Composta l'any 1978, ha esdevingut la més popular del grup i la seva popularitat ha arribat al punt de fer que avui en dia sigui un himne popular occità com Copa Santa o Se canta.
Considerada un cant a la llibertat i a l'amor pel país, parla de la recerca de l'immortèla (edelweiss o flor de neu) fita comparable a l'Ítaca de Lluís Llac.


en occità
Sèi un país e ua flor, e ua flor, e ua flor
Que l'aperam la de l'amor, la de l'amor, la de l'amor...
Tornada:
Haut, Peiròt, vam caminar, vam caminar, de cap tà l'immortèla
Haut, Peiròt, vam caminar, vam caminar, lo país vam cercar!
Au som deu malh, que i a ua lutz, que i a ua lutz, que i a ua lutz
Qu'i cau guardar los uelhs dessús, los uelhs dessús, los uelhs dessús...
Que'ns cau traucar tot lo segàs, tot lo segàs, tot lo segàs
Tà ns'arrapar, sonque las mans, sonque las mans, sonque las mans
Lhèu veiram pas jamei la fin, jamei la fin, jamei la fin
La libertat qu'ei lo camin, qu'ei lo camin, qu'ei lo camin...
Après lo malh, un aute malh, un aute malh, un aute malh
Après la lutz, ua auta lutz, ua auta lutz, ua auta lutz…


en català
Conec un lloc i una flor, i una flor, i una flor
L'anomenem la de l'amor, la de l'amor...
Tornada:
Amunt, Peret, caminarem, caminarem cap a la flor de neu
Amunt, Peret, caminarem, fins que trobem el lloc!
Al cim de la muntanya, hi ha una llum, hi ha una llum, hi ha una llum
I no hi pots treure l'ull de sobre, l'ull de sobre, l'ull de sobre...
Haurem d'anar a través d'esbarzers, a través d'esbarzers, a través d'esbarzers
Fins que només ens aguantem per les mans, per les mans, per les mans...
Potser no en veurem mai la fi, mai la fi, mai la fi
La llibertat és l'únic camí, l'únic camí, l'únic camí...
Després del cim, un altre cim, un altre cim, un altre cim
Després de la llum, una altra llum, una altra llum, una altra llum…


Fuente original: https://cataloccitania.blogspot.com/2010/11/limmortela-los-de-nadau.html


                                                     

martes, 28 de agosto de 2018

El profesor Keating y el Alma del mundo




Casi tres décadas más tarde, y a la luz de la cultura del Espíritu, una primera ojeada nos llevaría a concluir que en esta película los "malos" son en realidad los "buenos", y viceversa, y que aquel mítico profesor interpretado por Robin Williams representa una idea demasiado cercana al libertinaje, o al menos un modo de halagar la inmadurez y la rebeldía típica de la etapa adolescente. La historia se desarrolla en un colegio de élite donde se invoca el nombre de los valores eternos mediante una fórmula sencilla: Valor, Honor, Disciplina y Excelencia. Y en un momento dado se nos advierte de algo, en boca de uno de esos personajes que encarnan una mentalidad rígida, es decir, santa: Dios nos libre de los vanos sueños que destruyen al hombre necio. Keating, en contraposición, reivindica el pensamiento libre y el desarrollo del individuo. Se plantea, en definitiva, una guerra entre Tradición y revolución de la conciencia y del espíritu, y en ello mantiene un pulso constante que parece no encontrar un ganador claro, siendo una narración orientada a exponer esa dicotomía para que el espectador saque sus propias conclusiones. Pero no podemos olvidar el hecho de que en 1990, fruto de la manipulación emocional propia de este tipo de producciones orientadas a los más jóvenes, el corazón de la mayor parte del público estaba de parte de Keating y sus discípulos.  

Una vez más, el esquema dualista nos aleja de la Verdad de la Palabra eterna. Valor, honor, disciplina y excelencia son desde luego valores de fuerte raíz bíblica, pero es que además la tradición y la revolución del espíritu se dan la mano en la santa palabra de Dios. La Ley de Dios es tradición y, en virtud de una necesidad de prevenir los ciclos degenerativos que hacen que la Ley se convierta en legalismo o en idiosincrasia nacionalista (tal como le sucedió al antiguo pueblo de Israel en tiempos de Jesucristo) es también un movimiento de revolución constante del espíritu que vuelve a darle vida y significado espiritual al corpus de valores tradicionales. Bajo esta luz, por tanto, no podemos decir que el profesor Keating está en contra de la tradición, en realidad la ama y la respeta, pero desde el fundamento de buscar el Ser y el desarrollo de individuos capacitados para entender por qué la tradición es tan valiosa para la cultura humana. La Ley y la Tradición no pueden ser bellas palabras  escritas sobre estandartes de vanidad institucional, sino hacer que sean Vida en el corazón y en el alma de los discípulos.

Así pues, la película no muestra a un grupo de adolescentes que entienden y han aprendido a disfrutar del "meollo de la vida", lo cual para ellos durante mucho tiempo seguirá siendo un misterio, si no a un grupo de adolescentes que admiran a un profesor carismático y excepcional, alguien que, por otro lado, se ha encargado de inflamar y excitar las pasiones y la imaginación de mentes inmaduras llevándolas a vivir aventuras de dudosa utilidad, a decir estupideces varias y, en el caso más dramático y resolutivo, al suicidio. Esos son los hechos que presenta la película, el resto es manipulación emocional que en nada desvirtúa al principal mérito de la pedagogía de Keating; en pie sobre sus pupitres, al grito de "¡oh capitán, mi capitán"!, reconocen la autoridad del hombre que les ha mostrado un camino nuevo y diferente, un camino que van a tener que descubrirlo con el paso del tiempo. Es el camino de los verdaderos románticos, es un fuego secreto sobre el cual los poetas y artistas en general han hablado o escrito, como persiguiendo un ideal que tal vez solo autores de la talla de Henry David Thoreau han vivido y experimentado en verdad, mientras que el resto solo tejen y vertebran idealidades que son no mucho más que palabras bonitas para leer, inspirarse y pensar. ¿Qué es el "meollo de la vida?. Se puede hacer una aproximación viendo las distintas secuencias de la película: tener el valor de buscar el Ser en la palabra y en la imaginación, expresar con palabras aunque sea torpe expresión de algo mucho más valioso que las palabras, encontrar una vocación y maravillar al mundo con ella, saber que no ha pasado la vida en vano, que has buscado por todas partes y hasta encontrar un final y una Verdad, presentarte ante la chica que amas con un poema y con un ramo de flores, decirle un "te quiero" a la cara por el mero hecho de ser y hacerlo y sin que te importe ser o no correspondido o llevarte una sonrisa o un tortazo, salir a los bosques y a los altos de la montaña porque buscas ser un dios y necesitas estar cerca de los dioses, vibrar con el retumbo de la batalla contra el enemigo o con las luces del cielo estrellado allá en sitios apartados como cuevas, veredas y sendas de un bosque. Encontrar, en definitiva, la Vida. Una vida extraordinaria pero, ahora sí, no para nuestras vanidades, sino para Cristo. Y, si sólo Cristo es el Camino, la Verdad y la Vida, de estas vanidades humanas podemos rescatar su belleza, el amor que solo busca dar y no recibir, el misterio de la naturaleza prístina, es decir, esos preámbulos del futuro Reino de Dios que pueden ser degustados en el mundo presente. Aquello que podríamos llamar "el alma del mundo", contra la cual está en marcha (ya muy avanzada) una conspiración cuyos ejes de acción básicos están descritos en Los protocolos de los sabios de Sion, obra apócrifa, según dicen, y tienen razón, pero que sin embargo esos protocolos son un reflejo de la clase de sociedad en la que nos estamos convirtiendo, una decadencia que el nacional socialismo intentó evitar declarándole la guerra al sionismo, incluso participando de los poderes de las tinieblas. De hecho, la base filosófica del movimiento capitaneado por Adolf Hitler fue el romanticismo alemán, y hay en ese gesto final del discípulo situado en una perspectiva diferente y superior mucho del mal llamado "nazismo", es decir, actitud del guerrero que lucha por preservar el alma del mundo. Si la Alemania de Hitler hubiera ganado la guerra, los locos del espíritu, los soñadores, los que valoran la sencillez, la nación, la belleza y el misterio de nuestros latidos habríamos vencido a los de la especulación financiera, el materialismo, el internacionalismo, los que quieren vaciar la vida de contenido romántico e idealizador y convertirnos en un número sin alma ni un destino trascendente. Y sí, los soñadores también son peligrosos, pero al menos tienen patria.



  

   

domingo, 8 de julio de 2018

"...mucho más da el amor"



En Romeo y Julieta, la adaptación cinematográfica que Franco Zeffirelli dirigió en 1968, hay una escena que resume el mensaje moral de la película. Ahí donde la narrativa encuentra una magistral doble ancla, lo visual mostrando la pasión amorosa por un lado mientras la música, por otro, recita un poema que condena la galantería representada. Romeo ha encontrado la perla de su juventud, la Dama, la imagen de un sueño materializado. El baile se anima y alegra a los asistentes con ritmos celestiales. De repente, un cantor cátaro, heraldo de la Verdad, aparece, y se posiciona en el centro de la concurrencia, recitando el tema "What is a youth", una advertencia frente al amor y el deseo de la juventud, frente a la vanidad del hombre en definitiva.

Ante la maravillosa complejidad de los textos de William Shakespeare no es fácil acertar, pero se diría que el relato enfatiza tanto el valor de la belleza y la pureza como signos de un orden primordial y celeste, como su condición de engaño y vana ilusión, no desperdiciando ninguno de los matices de la existencia y de la condición humana para decir la Verdad, y además exponer la gravedad del pecado y de sus consecuencias. Los dos enamorados son, a la vez, redentores para un mundo violento, y víctimas del pecado en el que todos han incurrido. Zeffirelli lo ilustró con deslumbrante (hiriente, quizás) plasticidad y colorido: ver al mundo gobernado por Cupido- Satán, caer en el error de creer que besar los labios del ser puro puede borrar el pecado, respetar la inocencia hasta el extremo de temer contaminarla con el propio pecado, aprender a no sentir ofensa alguna cuando los hombres que no comprenden el verdadero significado de la fuerza acusan de cobardía, deleitarse con la nobleza del joven tímido y apartado del mal, la de la doncella de modales exquisitos y sentido de la obediencia y fidelidad, llorar al ver la nobleza caer ante el impulso de la venganza, ante la desobediencia fruto de una pureza ya condenada a ser pasto de los gusanos. "El odio da mucho que hacer, pero mucho más da el amor". He ahí la lucha entre el ángel y el demonio.
Por supuesto, ese tema central sobre la condición pecaminosa del amor pasional enlaza con lo tratado en el cinefórum Attack of the clones.  Y, del mismo modo que la relación y el "sacrificio" final de los enamorados lleva al establecimiento de la paz, más de uno podría atreverse a imaginar, visto lo visto en The Last Jedi, que el ángel representado en Rey podría, en el conclusivo episodio IX, liberar a Kylo Ren del demonio que lo esclaviza y, juntos, hacer un gran "sacrificio" de amor que instaure definitivamente la paz en la galaxia. No es una especulación gratuita, pues el texto de Shakespeare, incluso la desacomplejada dramatización de Zeffirelli, están presentes - aunque sin la frescura de aquellos - en los episodios II y III, y ahora Rian Johnson jugó a homenajear y a dejar puertas abiertas.